Cuando supe que viajaría a Chicago para ver a AC/DC en concierto (otra experiencia espectacular), también decidí cumplir uno de mis grandes antojos gastronómicos: cenar en Alinea, el legendario restaurante de Tres Estrellas Michelin, liderado por el genio culinario Grant Achatz.
No era una simple cena. Para mí, era arte, era teatro, era magia puesta sobre la mesa.
El comienzo de una idea “loca”
Le conté a mi amigo David que quería vivir la experiencia completa en Alinea. Como muchos, su reacción fue: “¿Estás loco por gastar tanto en una sola cena?”. Le respondí algo que tengo muy claro: “No es solo una cena. Es una experiencia.”
Para convencerlo, le pedí que viera el episodio de Chef’s Table dedicado a Grant Achatz. Al terminarlo, ya estaba más intrigado que incrédulo. Quedamos en buscar una reservación, pero… oh sorpresa: todo estaba lleno. Admito que me sentí frustrado. Justo este año Alinea celebra su 20 aniversario, así que la demanda estaba por las nubes.
Consideramos ir a Fuego, otro restaurante de Achatz, pero algo en mi intuición me decía que no sería lo mismo.
Unas semanas después, como por obra del destino, volví a entrar al sitio web de Alinea y… ¡había lugar en la experiencia The Salon! Sin dudarlo, escribí a David. Me dijo: “¡Vamos!”. Pero faltaba un detalle: su esposa, Diana, aún no sabía que no estaba considerada. Y cuando se enteró, casi lo divorcia.
Por suerte, escribimos al equipo de Alinea, quienes fueron increíblemente amables y nos acomodaron una mesa para tres.
El día llegó: 26 de mayo de 2025
Nuestra reservación era a las 8:00 PM. Al llegar, nos dimos cuenta de que el lugar no tiene letrero, no es sencillo de identificar. Pero el personal nos esperaba y salieron por nosotros, sabían nuestros nombres y nos guiaron con una calidez impecable.
Pasamos unos minutos en el lobby. Luego, nos llevaron a nuestra mesa, donde al menos cuatro personas se presentaron como parte del equipo que nos atendería durante toda la experiencia. El servicio fue atento, sutil y profundamente profesional desde el primer segundo.
Una sinfonía de platillos

Todo comenzó con un bocado elegante: Osetra. Poco después nos invitaron a bajar a la cocina, una sorpresa maravillosa. Ahí nos sirvieron un Socarrat con conejo, acompañada de una bebida de manzana con azafrán. Un momento íntimo, casi ritual, con los aromas envolviendo la conversación.
A partir de ahí, desfilaron platos con presentaciones impecables, sabores profundos, juegos visuales y referencias culturales.
Uno de los más memorables fue el llamado “Fossilized, Humita, Bone”: teníamos que barrer un polvo que mezclamos con chimichurri, desenterrar un camarón “fosilizado”, una empanada escondida y descubrir, bajo el fuego que antes había servido para caramelizar otro plato, unas deliciosas humitas. Pura narrativa comestible.
El plato fuerte fue un corte de carne Wagyu, acompañado de japanese eggplant, pine nut, okinawan sweet potato, turnip y plum. Todo perfectamente equilibrado, cada elemento con intención.
Y entonces llegó el momento más esperado…
El gran final: PAINT
Sobre la mesa colocaron un mantel de silicón y llegó una chef para preparar el postre justo frente a nosotros. Lo llaman PAINT. No solo era un postre, era una performance: manchas, trazos, texturas y sabores convertidos en un cuadro viviente. El arte y la cocina entrelazados.
Para cerrar, el ya clásico globo comestible, una explosión de sorpresa y juego que nos hizo reír como niños.

Una despedida fugaz y memorable
No hubo tiempo de sobremesa. Salí directo al aeropuerto para tomar mi vuelo esa misma noche. Pero me fui con el corazón lleno.
Valió cada dólar invertido. Porque en Alinea no vas a cenar, vas a vivir una obra de arte multisensorial, con atención al detalle, narrativa, técnica y emoción. Me acompañaron dos grandes amigos, Diana y David, y juntos compartimos una noche que no vamos a olvidar jamás.

Gracias, Grant Achatz. Gracias, Alinea. Gracias, Chicago.