Hay experiencias que te sacan completamente de tu rutina y te obligan a aprender sobre la marcha. Eso fue exactamente lo que viví en mi primer torneo de golf en Mayakoba. Yo venía con la referencia del tenis y pensé que tendría una idea más clara de cómo funcionaban los eventos deportivos de gran nivel. Sin embargo, el golf es otro mundo: distancias enormes, logística extrema y cientos de personas trabajando detrás de cada detalle.

Aun así, fue una experiencia increíble.

Una invitación que hizo posible la aventura

Antes de empezar, quiero agradecer especialmente a Andrea Herrera, quien me invitó a formar parte de esta experiencia y además gestionó mi vuelo y hospedaje para poder estar en Mayakoba. Durante toda la semana fue una excelente líder: siempre resolviendo problemas, coordinando equipos y manteniendo la calma incluso cuando todo parecía complicarse.

Honestamente, gran parte de esta aventura fue posible gracias a ella.

Detrás del torneo: jornadas que comienzan antes del amanecer

El torneo principal se llevó a cabo del 30 de abril al 3 de mayo 2026, aunque desde días antes ya estábamos trabajando en las qualys y en toda la preparación previa. Para las 5:30 de la mañana debíamos estar listos en la carpa de voluntarios para repartir boletos para el desayuno y boxlunch, preparar agua en los refrigeradores y comenzar operaciones.

Y desde el primer día entendí algo: el golf cansa muchísimo más de lo que imaginaba.

El campo es enorme. Son 18 hoyos distribuidos por todo el recinto y, aunque sí había carritos de golf para movernos, muchas veces teníamos que pedir alguno prestado o esperar a que hubiera uno disponible.

Voluntarios Mayakoba 2026

El PRO-AM y las primeras lecciones de logística

El PRO-AM terminó siendo una verdadera prueba de fuego. Para quienes no están familiarizados con el formato, un Pro-Am en golf es una jornada donde golfistas profesionales comparten equipo con jugadores amateurs, normalmente un profesional y tres aficionados por grupo. Es una experiencia pensada para acercar a patrocinadores, invitados y amantes del golf al ambiente profesional, pero al mismo tiempo funciona como una especie de ensayo general antes del torneo oficial.

Más allá de la operación diaria, esos días nos ayudaron muchísimo a detectar detalles que necesitaban ajustes y a apretar las tuercas antes del arranque oficial. Gracias al PRO-AM pudimos identificar áreas de mejora en logística, tiempos de traslado, coordinación de voluntarios y comunicación entre equipos.

Y aunque desde afuera parece un evento más relajado, la realidad es que también exige muchísima coordinación para que todo funcione correctamente. Precisamente por eso, todo lo aprendido durante esos días terminó siendo clave para que la operación fluyera mucho mejor durante el torneo principal.

Cuando entendí el nivel de precisión del golf profesional

Durante las qualys tuvimos el primer incidente importante relacionado con la operación de transporte para la LPGA.

Había tres puntos obligatorios de transporte para jugadoras y caddies: del hoyo 4 al 5, del 9 al 10 y del 14 al 15. Ese día necesitábamos mover jugadoras desde “El Pueblito”, un restaurante dentro del venue donde algunas estaban tomando un curso de cocina, hacia la casa club. Al mismo tiempo, debíamos cubrir el traslado de jugadoras entre los hoyos 14 y 15.

Sin embargo, el evento en “El Pueblito” se retrasó y no llegamos a tiempo. La primera jugadora terminó caminando y, por reglamento, después ya no puedes transportar a las demás si una ya hizo el trayecto caminando.

Ahí entendí el nivel de precisión que requiere un torneo profesional.

Los trabajos invisibles que hacen posible un torneo

Además de toda la logística, descubrí áreas del golf que ni siquiera sabía que existían.

Por ejemplo, están los walking scorers, personas que recorren todo el campo registrando los scores del juego en tiempo real. También los standard bearers, quienes cargan enormes letreros con nombres y resultados de las jugadoras durante todo el recorrido. Honestamente, me parece uno de los trabajos más pesados del torneo porque los letreros pesan muchísimo y además caminan kilómetros completos bajo el sol.

Igualmente, están los marshalls, encargados de controlar el ritmo del juego, pedir silencio cuando alguien va a tirar y ayudar a localizar hacia dónde se fue la pelota.

En total había más de 500 voluntarios distribuidos en distintas áreas: ecología, distribución, estacionamiento, televisión, hotelería, apoyo a jugadoras, transporte, servicio a caddies y muchas más.

Voluntarios, inglés y nuevas conexiones

Algo que me llamó muchísimo la atención fue la cantidad de voluntarios estadounidenses. Por momentos sentía que estaba en un retiro de jubilados en Estados Unidos. Aun así, eso terminó siendo algo positivo porque practiqué inglés todos los días.

Conocí a Jackie y Mike, quienes coordinaban a los walking scorers. Jackie era intensísima con su trabajo y estaba pendiente absolutamente de todo. También conocí a Mirna, encargada de los standard bearers, una excelente persona con muchísima experiencia dentro del torneo y siempre dispuesta a ayudar cuando surgía cualquier problema. Además, conocí a Lizbeth, encargada de los marshalls y de coordinar fundaciones que aportaban muchísimos voluntarios al torneo.

El trabajo detrás del Driving Range

Uno de los días me tocó apoyar en el área de servicio a caddies, específicamente en el Driving Range. Ahí las jugadoras llegaban junto con sus caddies para entrenar antes de sus rondas, y nuestro trabajo era asegurarnos de que todo estuviera listo para ellas.

Teníamos que entregar pelotas, buscar los nombres de las jugadoras, preparar el espacio en el área que seleccionaran y revisar constantemente que nunca faltara agua, protector solar o snacks. Una vez que terminaban de practicar, también nos tocaba limpiar y dejar lista nuevamente toda el área para las siguientes jugadoras.

Fue una experiencia muy interesante porque ahí entendí la cantidad de detalles y atención que requiere un torneo profesional incluso fuera del campo de juego.

Coordinación, seguridad y conocer excelentes personas

Después conocí a Fidelia, responsable del transporte de las jugadoras. La ayudé a organizar horarios de choferes, movimientos entre hoyos y tiempos de traslado. Gracias a Fidelia conocí a Xavier, quien trabajaba en el área de seguridad para las jugadoras, entre ellas la número uno del mundo: Nelly Korda.

Durante esos días pasamos momentos increíbles, siempre con apoyo total entre todos. Tanto Fidelia como Xavier demostraron ser grandes personas y excelentes profesionales, de esas conexiones que seguramente volveré a encontrar en algún otro torneo.

El cansancio físico y el espíritu del equipo

Conforme avanzaban los días, el cansancio empezaba a acumularse cada vez más. Las jornadas comenzaban antes de que saliera el sol y terminaban cuando el cuerpo ya no daba para más. Entre traslados, coordinación, caminatas bajo el calor, cambios de último minuto y apoyo en distintas áreas, prácticamente no había tiempo para detenerse.

Sin embargo, algo curioso pasaba: aunque físicamente estábamos agotados, las ganas de ayudar y de que todo saliera bien seguían intactas. Cada día aparecía un nuevo reto, una nueva urgencia o algún detalle que resolver, y aun así el equipo siempre encontraba la manera de sacar adelante la operación.

Creo que eso fue de las cosas que más me gustó de la experiencia. Ver cómo cientos de personas, desde voluntarios hasta coordinadores, trabajaban bajo presión para que el torneo funcionara perfectamente. Porque al final, aunque el público solo ve a las jugadoras en el campo, detrás existe un enorme esfuerzo humano que pocas veces se nota.

Golpes de calor y momentos surrealistas

Aunque no todo fue glamour. También hubo situaciones bastante pesadas. Tuvimos muchos voluntarios con golpes de calor y terminé formando parte del equipo de apoyo. Teníamos que ir por las personas afectadas junto con los reemplazos y esperar a que llegara el doctor.

Un momento que jamás voy a olvidar

Autografo Nelly Korda

Y ahí llegó uno de los momentos más surrealistas de toda la semana.

Después de la ceremonia de premiación, yo solo buscaba conseguir un video de cerca de Nelly Korda cargando el trofeo. Sin embargo, todo terminó convirtiéndose en una experiencia muchísimo más grande de lo que imaginaba.

Gracias a Fidelia y Xavier, a quienes quiero agradecer especialmente por la oportunidad y la confianza, terminé formando parte de la comitiva que acompañó a Nelly después de su victoria. Primero la trasladamos a la sala de prensa para atender a los medios y posteriormente la acompañamos hacia la casa club para que se encontrara con su familia.

Fue uno de esos momentos que simplemente no planeas y que terminan quedándose contigo para siempre. Además, hasta logré conseguir el autógrafo de la número uno del mundo.

Definitivamente, fue una experiencia que hizo que todo el cansancio, las caminatas y las jornadas interminables valieran completamente la pena.

Lo que realmente hay detrás de un torneo profesional

Ahora que regresé a la oficina, mi cuerpo sigue pasando factura. Todavía no regreso al gimnasio porque sigo completamente cansado físicamente. Aun así, esta experiencia me dejó una perspectiva totalmente distinta sobre lo que implica organizar un torneo profesional de golf.

Desde afuera muchas veces solo vemos a las jugadoras, los swings perfectos y los paisajes espectaculares. Pero detrás de cada hoyo existe un enorme equipo de personas haciendo que todo funcione.

Y créanme: no es nada sencillo.