¿Qué es la felicidad?, ¿qué nos hace felices?, ¿para qué queremos ser felices?, son cuestionamientos subjetivos, personales, a veces sin respuesta. Comer lo que nos gusta, criar hijos, tener familia, relacionarnos de manera positiva con la gente que nos rodea, son sólo algunos elementos de los muchos que contribuyen a lograr ese estado grato de satisfacción.
La felicidad es un estado emocional caracterizado por sentimientos de alegría, satisfacción y plenitud. Si bien la felicidad tiene muchas definiciones diferentes, a menudo se describe como un estado que involucra emociones positivas y satisfacción con la vida.
La felicidad no es un ente que se deba perseguir insistentemente, sino un estado asociado a una emoción positiva, según la psicología; para muchos filósofos constituye el fin último del ser humano, relacionado más con una forma de caminar por la vida, que con el lugar al cual se llega. Por ello, su búsqueda obsesiva conduce a la frustración, pues al obsesionarnos con ella, parece que se vuelve inalcanzable.
¿Qué es realmente la felicidad?
El concepto de felicidad no es una idea meramente filosófica exenta de repercusiones en nuestra vida cotidiana. De hecho, la imagen que tengamos de la felicidad influye en nuestra actitud ante la vida e incluso puede hacer que seamos más o menos felices.
A grandes rasgos, se puede hacer referencia a tres grandes posturas sobre el concepto de felicidad, posturas que provienen de las grandes corrientes filosóficas pero que se han popularizado y forman parte de las creencias de muchas personas.
- Escépticos: son aquellos que están convencidos de que la felicidad no existe o es imposible alcanzarla por lo que ni siquiera la buscan.
- Limitados: son quienes afirman que no existe la felicidad sino momentos felices por lo que debemos darnos por satisfechos las pocas veces que esta toca a nuestra puerta.
- Optimistas: son personas que piensan que la felicidad existe y se puede conquistar de manera definitiva.
Dependiendo de la postura que asumamos, desarrollaremos una actitud más o menos proactiva ante la vida, esperaremos a que la felicidad toque a nuestra puerta o, al contrario, saldremos a buscarla.
¿Para qué queremos ser felices?
Es una pregunta sin respuesta, porque es un fin en sí mismo, es lo que todos buscamos, a lo que todos aspiramos. Lo más importante no es el dinero, la fama o el poder, “sino tratar de ser felices y ayudar a que los demás también lo sean”.
En la actualidad, para la mayoría de la gente la felicidad viene dictada por la publicidad. “Nos hacen creer que seremos felices si logramos cierto estatus económico, si tenemos ropa de determinada marca, coche o apariencia, y una vez que lo logramos, la promesa no se cumple, porque eso no nos da la felicidad”.
Esta emoción, que desempeña uno de los papeles centrales en la vida de las personas, está vinculada a la capacidad de estar contento con uno mismo y con lo que hay, sin querer agregar más, porque si lo hacemos volvemos al descontento.
“Tenemos que abrir los ojos y darnos cuenta de que tenemos que dejar de ser consumistas y apreciar lo que tenemos: salud, hijos, familia, trabajo… eso es lo que se requiere, lo demás sobra”.
Un estudio señala que la felicidad depende de la forma en que nos relacionamos a lo largo del día, es lo que llamamos ‘llevarte bien con la gente’, hacernos la vida grata.
Y recuerda, la felicidad no es una meta, sino un camino a recorrer. Trabajar por ser cada día un poco más felices está en nuestras manos.
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