Triple bottom line (TBL), Triple impacto, Triple Objetivo o Triple Balance es un concepto fue establecido en 1994 como una manera de definir la sostenibilidad de una empresa a través de un proceso con tres elementos, lo económico, lo ambiental y lo social. Al integrar estos tres elementos clave en un solo proyecto, facilita la estructuración de estrategias para implementar la sustentabilidad empresarial.
El término se hizo popular en 1998 tras la publicación del libro Cannibals with Forks: The Triple Bottom Line of 21st Century Business, del consultor británico John Elkington. El autor diseñó un nuevo sistema para evaluar la sostenibilidad en un marco contable que llamó TBL.
Para emprendedores y empresarios, hacer el balance económico es fundamental para asegurar la buena gestión y la confianza en la actividad de la organización. Sin embargo, como ello, también es tan importante y vital la medición del impacto social, es decir cómo cubre su razón de ser a un alcance 360º. Lo difícil viene cuando queremos medir cosas tales como el nivel de bienestar de una comunidad, la mejora de la educación en una población determinada, o cosas más difíciles aún como el grado de felicidad de una sociedad, y aquí es donde nos ayuda el enfoque Triple Bottom Line.
Beneficios de implementar el Triple Bottom Line
El principal beneficio siempre será la mejoría automática en la imagen y reputación de una empresa, que eso por ende, atrae nuevos consumidores.
- Aumenta la cuota de mercado y de facturación, así como la posibilidad de penetrar en nuevos mercados, mejorando la calidad, competitividad y las relaciones con los clientes.
- Incremento de la eficiencia operacional, mejora del ánimo, productividad y creatividad de los empleados.
- Reducción de los costos por materiales, energía, residuos, transporte y almacenamiento. Reducción de multas, seguros y costes de compensación a los trabajadores por accidentes laborales.
- Mayor atractivo para los inversores y acceso a subvenciones públicas.
- Reducción de los costos operacionales y del capital fijo.
- Mejora de la información disponible para la toma de decisiones y procesos operativos estables.
¿Por qué medir el balance Triple Bottom Line?
Es interesante, recomendable y deseable que las empresas vean cómo, midiendo y haciendo público el triple balance (económico, social y ambiental) de sus actividades, pueden mostrar a todas las partes interesadas -comunidades, administración, instituciones y ciudadanía- el grado en el que estas mismas actividades generan una serie de beneficios reales para la economía y para el entorno social, al mismo tiempo que aumentan su propia reputación, el grado de compromiso de sus empleados y la implicación de las instituciones públicas como agentes de apoyo de estas buenas prácticas.
¿Cómo se mide la TBL en las empresas?
La TBL considera que las tres vertientes de sus resultados se pueden medir, pero no son estáticas ni estables porque se ven afectadas por las presiones sociales, políticas y económicas. Por otra parte, cada una de las líneas: económica, social y medioambiental, es independiente de las demás. Funcionan como tres placas continentales, en constante movimiento, a veces rozándose y en otras ocasiones superponiéndose entre ellas.
Para analizarlas por separado se creó una matriz de triple resultado (García López, 2015) que considera los tres aspectos fundamentales de la TBL (economía, sociedad y medioambiente) en tres columnas. En las filas se sitúan los distintos factores implicados: grupo de interés, accionistas, franquicias, empleados, clientes, proveedores, competencia, comunidad, humanidad, generaciones futuras y mundo natural o ecosistema.
La interacción entre cada columna y las distintas filas aporta un resultado; en una cuarta columna se refleja la medida total de cada fila y, finalmente, a los beneficios totales se le restan los costes. El resultado es el beneficio sostenible.
En cada una de las tres áreas se tienen en cuenta algunos aspectos concretos:
- Económicos: costes del capital, aumento del beneficio, beneficios marginales crecientes, productividad, retorno de la inversión, riesgos asumidos por la dirección y valoración de la empresa.
- Sociales: impacto social y comunitario, igualdad de oportunidades, salud y seguridad laboral, educación, reconocimiento social y pensiones de jubilación.
- Medioambientales: energía, agua, materiales utilizados, emisiones y residuos, nuevos productos y servicios, impacto en el sistema de vida y diseños operacionales.
En conclusión, las empresas se sirven de la medición que aporta la triple línea de beneficio para mejorar sus cuentas de resultados, sobre todo, a medio y largo plazo.
Sin embargo, la medición no siempre resulta sencilla. Muchos de los factores que se pretenden medir son subjetivos y no se pueden cuantificar, así que el reto para el futuro es doble. Por un lado, se debe conseguir que la aceptación de estas medidas de sostenibilidad sea mayoritaria en todo el mundo; por otro, se deben alcanzar acuerdos sobre qué se está midiendo y cómo se debe medir. La tarea no parece sencilla.
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